Los factores que pueden afectar a nuestra salud bucodental son muy diversos, aunque en la gran mayoría de casos se ven condicionados por los hábitos de higiene que consigamos desarrollar y mantener.

Pero el estilo de vida actual, marcado por las prisas y el tiempo limitado que podemos dedicar a distintas actividades, en muchas ocasiones genera un elevado nivel de estrés, que repercute en el mantenimiento de estos hábitos y en diversos aspectos de la salud de nuestros dientes y encías.

Cabe señalar en primer lugar que existen diversos tipos de estrés. El más común es el estrés rutinario, que se debe a factores relacionados con las responsabilidades diarias, las relaciones familiares o el ámbito laboral.

También nos encontramos con estrés provocado por cambios negativos repentinos, como puede ser una enfermedad, una separación o divorcio, o la pérdida de un trabajo.

Y por último el estrés traumático, originado por peligros que pueden suponen daños graves o incluso la muerte, como los accidentes, los desastres naturales o los conflictos bélicos, y que pueden derivar en el desarrollo de un trastorno de estrés postraumático.

Por otra parte, el modo en que las personas afrontan el estrés es muy variable. Los síntomas asociados son a su vez muy diversos, pero son habituales los dolores de cabeza, el insomnio, la depresión, la irritabilidad o las alteraciones digestivas.

La evidencia médica muestra asimismo que las situaciones de estrés crónico afectan al sistema inmunitario, lo que aumenta la susceptibilidad a contraer infecciones virales más frecuente y graves, y a su vez afecta a la eficacia de los tratamientos para combatirlas.

El estrés puede por tanto afectar de forma directa a nuestra salud bucodental. El bruxismo, un hábito involuntario consistente en apretar o rechinar los dientes, se relaciona de forma directa con situaciones de nerviosismo y estrés, y suele provocar dolor en los músculos de la mandíbula y el desgaste prematuro de los dientes.

En este mismo sentido podemos mencionar los trastornos de la articulación temporomandibular, que tienen como consecuencia la aparición de dificultades para abrir y cerrar la boca, y causan dolor en la mandíbula y en la sien. En ambos casos, es recomendable el uso de protectores dentales o férulas durante las horas de sueño para prevenir dichas alteraciones.

Las personas estresadas suelen, de forma habitual, no dedicar tiempo suficiente a sus hábitos de higiene bucodental, llevando a cabo cepillados dentales poco eficientes o abandonando el uso del hilo dental. Esto conlleva un mayor riesgo de aparición de caries y de gingivitis, debido a la acumulación de residuos en los dientes y encías, y que pueden derivar incluso en la aparición de enfermedades crónicas como la periodontitis.

También cabe mencionar que el cortisol, la hormona del estrés, causa el debilitamiento del sistema inmunológico, lo que favorece la aparición de aftas o llagas. Estas heridas de color blanquecino y tamaño variable se forman en las encías o en la mucosa, y aparecen usualmente en las mejillas, la lengua, las encías o la parte superior de la cavidad bucal.

Pese a que tradicionalmente asociemos el estrés con el estilo de vida vertiginoso a nivel laboral, los estresores son muy particulares para cada persona. En el caso de las personas de la tercera edad o con diversidad funcional, y pese a que muchas de ellas no desarrollen una actividad laboral, las situaciones estresantes son muy comunes y debidas a factores muy diversos.

El modo en que logren afrontar situaciones como el traslado a un centro residencial, la aparición de enfermedades asociadas a la edad, o la pérdida de seres queridos, pueden originar niveles de estrés elevado que, por los motivos que hemos visto, pueden incidir de forma negativa en su salud bucodental.

Por este motivo, en Dental Residency impulsamos acciones de formación en centros de día y residencias, para informar a residentes y cuidadores sobre cómo desarrollar y mantener hábitos de higiene bucodental, adaptados a sus necesidades y capacidades, que les permitan preservar un óptimo estado de su boca y dientes.

Porque de dedicar el tiempo y la atención necesaria a estas rutinas depende no solamente la salud bucodental, sino el estado general de salud de estas personas y su calidad de vida.