La Associació d’Infermeria Familiar i Comunitària de Catalunya (AIFICC) y la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària (CAMFiC), han hecho públicos datos de enorme interés sobre la situación del estado de salud de las personas mayores insitucionalizadas, que nos ofrecen una visión del enorme desafío al que nos enfrentamos como sociedad, y a la urgente necesidad de disponer de las respuestas adecuadas.

Las entidades establecen que en la actualidad en torno al 3% de los hombres y el 6% de las mujeres mayores de 64 años viven en residencias asistidas, y que más del 90% de esta población presentan grados de complejidad y dependencia elevados, tanto dependencia severa (grado II) como gran dependencia (grado III).

Por otra parte, los datos indican que a nivel general estas personas sufren más enfermedades. Enfermedades que son tanto de índole orgánica, como la diabetes, la insuficiencia cardíaca o la insuficiencia renal crónica, como mentales, siendo habituales la depresión o las psicosis atípicas.

Mención aparte merece la prevalencia de la demencia: las entidades calculan que el 44,9% de los pacientes que viven en residencias sufren algún tipo de demencia. Un porcentaje 10 veces superior al índice registrado entre las personas mayores no institucionalizadas, y que la sitúa como una de las enfermedades más prevalentes en el ámbito residencial geriátrico. También es significativa la prevalencia de enfermedades como la depresión (37,9%) o el elevado número de pacientes crónicos complejos (32,4%).

Asimismo, resulta destacable el hecho de que los pacientes institucionalizados disponen de rentas per cápita bajas, y que toman un promedio de 11,7 principios activos diferentes en sus tratamientos farmacológicos, frente a los 8,2 de las personas que no viven en entornos residenciales.

El paulatino envejecimiento de la población conllevará un mayor número de pluripatologías y un aumento de la cronicidad. Las proyecciones demográficas apuntan a que en 2050 en torno al 35 % de la población será mayor de 65 años, por lo que si consideramos que en la actualidad entre el 70 y el 80% del presupuesto anual sanitario se destina a la atención de las personas mayores, nos encontramos sin ninguna duda frente a un fenomenal reto asistencial.

La salud bucodental es un aspecto fundamental a tener en cuenta a la hora de planificar un modelo sanitario que dé respuesta a las acuciantes necesidades asistenciales de las personas que viven en residencias. Y la odontología adaptada a colectivos de especial sensibilidad presenta un nuestro país una alarmante y endémica escasez de soluciones y recursos.

Las administraciones han obviado históricamente los servicios odontológicos en la planificación del modelo sanitario. Cabe preguntarse el porqué de esta escasa atención, si atendemos a la enorme incidencia que los trastornos bucodentales pueden ocasionar sobre la salud general de las personas mayores.

Desde Dental Residency hemos alertado de forma recurrente sobre la relación entre una mala salud bucodental y del desarrollo de múltiples patologías, como pueden ser el cáncer oral, la hipertensión, los trastornos cardiovasculares, las enfermedades renales, o incluso la enfermedad de Alzheimer.

Cierto es que la limitación de recursos por parte de las administraciones es un importante obstáculo para poder cubrir todas las necesidades asistenciales de una población mayor cada vez más amplia y con una esperanza de vida en crecimiento. Pero desde Dental Residency, reivindicamos que las iniciativas privadas tenemos mucho que decir y aportar.

Aportar a través de la experiencia y la sensibilidad de profesionales especialmente formados para poder tratar a personas dependientes, con demencias, o con cualquier otra condición especial. Condiciones que provocan que, a menudo, profesionales menos capacitados les deriven hacia otras especialidades médicas, u opten por tratamientos de último recurso como las extracciones, cuando existen alternativas que permiten la conservación de la propia dentadura.

Aportar a través de la  innovación, dando respuesta a problemas como las limitaciones de movilidad en los casos de dependencia, prestando la asistencia en los propios centros residenciales. Algo que resulta perfectamente viable, como demuestran los más de 25.000 pacientes que hemos atendido en las más de 500 residencias y centros de día con los que colaboramos.

Y aportar a través del compromiso, de trabajar motivados por una voluntad genuina de mejorar la calidad de vida de nuestros mayores. En Dental Residency hemos destinado más de 150.000 euros en decenas de miles de revisiones bucodentales gratuitas y sin compromiso, y hemos realizado tratamientos adaptados a las posibilidades económicas de personas con escasos recursos. Porque creemos que la salud no puede ser una cuestión que se rija exclusivamente por criterios de negocio.

Reclamamos por tanto un mayor compromiso global de las administraciones con la salud bucodental de las personas institucionalizadas, y ponemos en valor las alternativas que iniciativas como la de Dental Residency podemos aportar para llegar allá donde los servicios públicos no pueden. La salud y el futuro de nuestros mayores dependen de ello.