En diversas ocasiones hemos tratado la relación entre los hábitos y estado de salud, tanto bucodental como a nivel general, y la aparición y evolución de las demencias. Hemos visto en este sentido aspectos como la relación existente entre la periodontitis y la aparición de la enfermedad de Alzheimer, o de qué modo la cantidad y calidad del sueño influye en el desarrollo de la demencia.

También hemos advertido sobre la importancia de una adecuada salud bucodental para poder disfrutar de una buena salud general y una óptima calidad de vida, ya que nuestra boca y dientes pueden ser origen de numerosas alteraciones que afecten al estado general de salud.

A medida que envejecemos aumenta la prevalencia de trastornos como la periodontitis o las apneas del sueño, así como la aparición de lesiones debidas al mal estado o desajuste de las prótesis removibles, que pueden tener consecuencias sobre nuestra salud.

Ahora, una nueva investigación desarrollada por un grupo de científicos surcoreanos, y publicada en BMJ Open, ha aportado datos que confirman la relación entre los cambios bruscos de peso en la vejez y el deterioro cognitivo y la demencia.

Para su investigación contaron con la participación de 67.219 hombres y mujeres entre 60 y 79 años, a quienes midieron el índice de masa corporal (IMC), y tomaron en consideración variables como el nivel socioeconómico y factores de riesgo cardiovasculares, como la hipertensión, la diabetes, la insuficiencia cardíaca o la hiperglucemia.

Los investigadores observaron que las personas mayores que habían experimentado un aumento o una disminución de más del 10% en su IMC durante dos años tenían un 20% más de posibilidades de desarrollar demencia, respecto a las personas que habían mantenido su peso.

Asimismo, los casos de demencia fueron más elevados entre las personas que al inicio del estudio sufrían hipertensión, insuficiencia cardiaca, diabetes e hiperglucemia. Y también se observaron más casos en los hombres mayores consumidores habituales de tabaco y alcohol, y que tenían un estilo de vida sedentario.

Uno de los aspectos que influye de forma determinante en el mantenimiento del peso, especialmente en la tercera edad, es la salud bucodental, y para mantenerla resulta fundamental desarrollar y mantener unos hábitos de alimentación saludables.

Pero a menudo entre las personas de la tercera edad son frecuentes trastornos que dificultan poder alimentarse con normalidad, y que repercuten sobre la salud de la boca y dientes. Entre ellas podemos mencionar la disfagia, caracterizada por las molestias o problemas al tragar, o el edentulismo o pérdida de dientes, que dificulta la adecuada masticación de los alimentos.

Por ello, es fundamental que las personas mayores tengan acceso a revisiones periódicas con su odontólogo, quien valorará los tratamientos más adecuados para poder mantener una alimentación equilibrada y saludable, como por ejemplo la rehabilitación mediante prótesis que garantice que pueden llevar a cabo una adecuada masticación.